lunes, 10 de julio de 2017

Rendición

Empecemos con un chiste: un hombre llega a casa y descubre a su mujer en la cama con un caballo, sin embargo el equino habla y resulta que ha hecho estudios en una universidad prestigiosa y es abogado. Esta ocurrencia (de la cual no conocemos el final porque el narrador no lo recuerda) revela muy bien la esencia absurda y perversa de Rendición (Alfaguara, 2017), la última novela de Ray Loriga.

Desde el inicio sabemos por el narrador que hay una guerra que dura ya más de diez años. Esta ha llegado también a causar daños en la comarca donde vive con su mujer y un pequeño niño que apareció de repente y que han decidido bautizar con el nombre de Julio. No obstante, no será hasta su llegada a la «ciudad transparente» cuando la distopía planteada por el autor cobre su siniestra forma.

Es irónico que justamente los rasgos más turbios del libro se desarrollen en una ciudad en donde todo está hecho de cristal, de tal manera que uno puede habitar en un edificio y ver qué hacen todos los vecinos en cualquier momento. Una ciudad en donde no existen noches y en la que, por lo tanto, es imposible esconderse. La semejanza con nuestra sociedad se presenta bastante obvia, sobre todo si nos ponemos a pensar en lo visibles que nos encontramos frente a los demás gracias al desarrollo tecnológico y el alcance de la Internet (y es también irónico que este paralelo sea planteado por un autor que parece más bien alejado de las redes sociales). 

En apenas doscientas páginas, Loriga nos muestra una infinidad de temas que van desde el uso del poder hasta la pérdida de la identidad. Y todo esto usando un narrador en primera persona que, pese a ser un personaje proveniente del campo, va soltando oraciones notables en el transcurso de su relato: «La gente que sabe contar historias siempre tiene compañía» (p. 33).

No obstante, es en la construcción de esta voz en donde se perciben algunos defectos a tomar en cuenta. Por momentos, no queda clara su ubicación respecto al tiempo de lo narrado. Además, dado que el personaje mismo confiesa su poca cultura, resulta inverosímil que aparezcan en su discurso algunas frases con resonancias poéticas: «… el jardín se desespera y se va muriendo, agotado» (p. 13). 

Pese a esto, no es un desacierto el haber usado un personaje de extracción social humilde, ya que este solo se dedica a describir lo que ve y lo que siente y explicarse las cosas a su modo. Un narrador erudito quizá nos hubiera impuesto alguna reflexión elaborada sobre los temas centrales de la novela, arruinando así nuestra propia interpretación de los símbolos que habitan en ella.

En ocasiones, un premio puede convertirse en un peso enorme que la novela irremediablemente deberá llevar a cuestas. Y tendrá que soportar, ante todo, una lectura más o menos condicionada y predispuesta a realizar forzosas comparaciones. Porque a los libros premiados uno los quiere abordar con ese espíritu de lector justiciero que tenemos todos. Y finalizado el texto, evaluamos qué tan merecido fue el premio, y si de este examen resulta que entre el premio y la calidad de la novela existe una llamativa distancia, uno termina por indignarse en algún grado (y mientras más cuantiosa es la recompensa en metálico, mayor es la indignación).

El Premio Alfaguara de este año no se vio libre de las suspicacias que siempre acompañan a los certámenes de gran repercusión. Más aún si ponemos las luces en el nombre del ganador: un autor del sello, de nacionalidad española y que —por esas cosas que tiene el marketing de la nostalgia— aseguraba unas grandes ventas. Y más aún por tratarse de la vigésima edición del mentado galardón.

Sin embargo, esto no debería empañar los aspectos más admirables de Rendición (que no son pocos). E incluso si en el transcurso de la lectura uno fija más la atención en las inconsistencias que pueda tener (y que las hay), vale la pena llegar hasta el último tramo, a ese final tan devastador y, al mismo tiempo, tan apropiado. La esencia de la novela entera aparece nítida en esas últimas páginas. Allí quizá entendemos también cómo termina el chiste que el narrador solo recuerda a medias, la broma perversa y absurda en la que se ha convertido su existencia. Y en lugar de reír, nos invade un total desaliento. 

LORIGA, Ray. Rendición. Lima: Alfaguara, 2017.

lunes, 19 de junio de 2017

Rosa Chumbe

Por los premios que la acompañan y la eterna espera hasta su estreno, Rosa Chumbe ha sido quizá la cinta peruana que más expectativas ha generado en las últimas semanas. Ahora, una vez colocada a disposición del gran público, cabe reconocer que se trata de una película arriesgada y que posee también muchos de los atributos que busca el espectador más exigente.

Rosa Chumbe es el nombre de una policía que vive una relación conflictiva con su hija, una joven madre soltera que lleva ya un niño a cuestas y que acaba de quedar embarazada otra vez. Luego de desempeñar sus labores en la comisaría, Chumbe pasa sus noches acompañada siempre de una botella de ron y del llanto del bebé que a veces se encarga de cuidar. La paradoja es evidente pues esta policía, cuya labor es brindar seguridad y mantener el orden, es una mujer que ha perdido el dominio de su propia vida, aunque sabemos desde el principio que se aferra a la aparición de una mínima esperanza, un pequeño milagro. La escena inicial lo plantea muy bien cuando vemos a la protagonista en un tragamonedas, intentando que la suerte la ilumine un poco. 

Uno de los logros de la película es el retrato de esa inhóspita Lima en la que se circunscribe. El entorno de Chumbe se muestra en su natural y sencilla crudeza, desde las calles o lugares que forman parte de su recorrido hasta el interior de su hogar. Todo parece tan precario y amenazador al mismo tiempo. Incluso los personajes que la acompañan son extensión y producto de esa Lima del caos y la miseria.

La ópera prima de Jonatan Relayze se mueve con una lentitud necesaria y placentera. En ella los diálogos escasean porque las imágenes están cargadas de todo lo que se nos pretende transmitir: una permanente sensación de fracaso y desamparo. Es notable cómo el director, en medio de esta áspera representación, sabe mostrar la belleza en elementos aparentemente banales (el sinuoso movimiento de la sangre dentro de un retrete, por ejemplo). 

En el filme ningún elemento está insertado de forma gratuita, y en alusión a esto destaca mucho un programa cómico que irrumpe en la cotidianidad de Chumbe y que pareciera ser lo único que la arranca de los problemas, una especie de anestesia contra ese exceso de realidad en la que está inmersa. Allí uno percibe que, pese a vivir en constante adversidad, ella es capaz de acariciar un poco de redención. Rosa Chumbe nos habla así de la suerte, la fe, las segundas oportunidades, aquellos sucesos inexplicables que iluminan las vidas opacas de sus personajes.

Sin embargo, incluso luciendo numerosos galardones obtenidos aquí y en el extranjero, diversas dificultades ha tenido que sortear esta cinta para llegar a estrenarse comercialmente. Resulta irónico que una película que habla sobre la búsqueda de la suerte atraviese un tortuoso camino y vea la luz tras diez años desde la concepción de la idea original. Por esta razón no es exagerado decir que es casi un milagro que Rosa Chumbe se encuentre en nuestra cartelera.

lunes, 5 de junio de 2017

Peregrinación a Santa Beatriz

No hay nada tan maravilloso como encontrar un par de zapatos que te calcen a la perfección. De pronto te ves un poco más alto o guapo, y hasta disfrutas del olvidado acto de caminar. En literatura, encontrar tu género es lo mismo. No precisamente has nacido para ser un autor total y, a partir de allí, parir novelas y poemas y piezas teatrales todas geniales y con igual número de posibilidades de perdurar en el tiempo. O quizá sí, pero aún no lo sabes. A Paulo César Peña, no obstante, le basta con saber que ha encontrado en el ensayo ese par de perfectos zapatos.

Peregrinación a Santa Beatriz expone, en principio, la historia de esta urbanización ligada a los artistas e intelectuales que la recorrieron o vivieron en ella (Varela, Szyszlo, Eielson, entre otros). Se trata de un recorrido en el que el lector participa de manera activa, puesto que, al reconocer sus calles, no puede sino traerlas a la memoria y asombrarse ante un hecho que Peña saca a relucir: que muchos de nuestros ilustres creadores moraban allí y paseaban sus talentos.

El recorrido que nos propone el autor del ensayo, por lo tanto, es un viaje hacia el pasado. Y aquí la sombra de Sebald se proyecta indeleble. Esa conciencia que va de un lado a otro buscando reconocerse en algún vestigio, intentando conectar determinados puntos para darle sentido a los recuerdos. Hay un placer en la observación y también en el hallazgo de las tramas o lazos que han permanecido ocultos. Esta conciencia puede escuchar el inaudible ruido del tiempo. Un tiempo que, mientras arrastra los pesados pies, va destruyendo todo lo tangible. O desfigurándolo. Y es allí cuando el ensayo se potencia. Las reflexiones del autor, a este respecto, son intensas y luminosas, enmarcadas en una prosa que jamás se desborda, y en donde podemos advertir el lenguaje bien urdido, el adjetivo exacto.

Pero Peregrinación a Santa Beatriz es también un libro de denuncia. Se concibe aquí a esta urbanización como un lugar sagrado. Peña propone entonces una urgente puesta en valor de los lugares que alguna vez cobijaron a nuestros creadores más eminentes. Esto ante la pérdida constante de espacios públicos que solo tiene como objetivo el aprovechamiento económico de los gobiernos locales.

Quizá lo que más resalta en esta nueva entrega de Peña es la inserción de situaciones personales dentro de la libertad que le brinda el género. Estas no son accidentales, por supuesto. Fuera de la cansina moda denominada «autoficción», el autor devela información de su ámbito familiar que nutre y favorece al texto. Porque en esa búsqueda sobre el pasado de Lima y el rastro de sus artistas, las circunstancias lo han hecho tropezar con el pasado propio. Y de este modo, al tono solemne del libro, se impone de manera eficaz uno de corte más confesional.

No son pocos los méritos de este pequeño libro. Sin embargo, si hemos seguido atentos la evolución de este autor en sus textos anteriores, podemos notar una creciente urgencia por retorcer las formas del ensayo y que aquí se tornan más evidentes. Solo es cuestión de atrevimiento, en última instancia. Y esperamos que Peña, en algún momento, pueda tener el arrojo de emprender tal hazaña. Los zapatos, pulcros e inmejorables, ya los tiene puestos.

Peña, Paulo César. Peregrinación a Santa Beatriz. Lima: Río Hablador, 2016.

lunes, 29 de mayo de 2017

Javier, Mario y Arturo


Pérez-Reverte. Yo me levanto y estoy hasta las dos, dos y media. Por la tarde reviso y lo dejo listo para el día siguiente. Escribo seis horas cada día…

Marías. ¿Tú? ¡Qué va, qué va! ¡Pero si viajas casi todos los días de tu vida!

Pérez-Reverte. ¿Qué quieres decir, que las novelas me las hace un negro? [Se ríen a carcajadas]. Lo que pasa es que me disciplino mucho, no como tú. Es que Javier se acuesta tardísimo. Le llamas a las doce y no existe, no es persona. ¡Es un vegetal!

Marías. Pero bueno, ¿qué mérito hay en madrugar? Yo duermo lo mismo -de cuatro a once o un poco más- y trabajo por las tardes.

Vargas Llosa. ¡Te acuestas a las cuatro! Yo no, yo siempre me levanté muy temprano, desde chico. Duermo cinco horas y media lo más y me voy al gimnasio. Una hora. Todos los días.

Pérez-Reverte. Así está como está el tío [se ríen]. Por cierto, Mario, de Javier ya lo sé, pero tú, cuando estás con una novela, ¿te vitaminas con libros, con autores que te crean estado de ánimo?

Marías. ¿Te refieres a lo que dijo Faulkner en aquella entrevista a la Paris Review, que lo primero que hacía era leer unas páginas de la Biblia para ponerse a tono?

Pérez-Reverte. Sí. A mí me pasa con Conrad. Cuando estoy que necesito, no inspiración: vitaminas, energía, ganas de trabajar, por la tarde leo una o dos horas de Conrad y me dan ganas de seguir siendo escritor.

Fuente: XL Semanal

martes, 2 de mayo de 2017

La última tarde

En pleno trámite de divorcio, una pareja sostiene una larga conversación. Es lo único que hace en la hora y veinte minutos que dura la película. Pasear por las calles de Lima, subirse a un taxi, tomarse un café. Casi no hay acciones. Todo es un caminar por aquí y hablar de esto y aquello y por qué me dejaste. No. Por qué huiste. 

Laura y Ramón, base cuarenta. Ambos antiguos militantes de la izquierda más radical.

Novelistas, dramaturgos y cineastas han explorado el tema del conflicto armado innumerables veces, quizá hasta lograr que se deforme la memoria sobre nuestra guerra interna por efecto de saturación. La última tarde —y eso es lo que fascina de esta cinta— es en cambio una aproximación tácita sobre este asunto.

Laura y Ramón deben esperar el regreso del juez que ha de sellar su separación. Desde este punto en adelante, el filme se va estructurando en base a lo que ambos van contándose de sus respectivas vidas. Han pasado diecinueve años desde la última vez que se vieron y, claro, hay mucho por hablar.

En su juventud, ellos fueron pareja y participaron de la lucha armada. Punto. A partir de aquí solo importan las cuestiones que cada uno plantea en torno a una relación ya extinta. Pero tocar el pasado tiene sus consecuencias, como aquella en donde el narrador de Vértigo, de Sebald, nos refiere la historia de una mujer que no se resiste a entrar a un colegio de su infancia y observa a la misma maestra que tenía hace treinta años. Luego, en soledad, no logra reprimir un profundo llanto y «toda la tarde no pudo serenarse de la impresión sufrida por la vuelta imprevista del pasado». 

¿Por qué tomaste tal o cuál decisión? Y, a estas alturas, ¿qué importa? El tiempo, burócrata y puntual sepulturero, hace su trabajo, pero a veces no consigue enterrar aquella memoria personal, esas dudas que uno va rumiando y que con los años adquieren la condición de verdaderas y únicas preguntas existenciales, esos interrogantes para los que nunca es tarde buscar respuestas. («No te estoy preguntando por qué dejaste la militancia, Laura. Te estoy preguntando por qué me dejaste a mí».)

Los planos cerrados obligan a que los protagonistas, Lucho Cáceres y Katerina D’Onofrio, muestren su enorme capacidad actoral. De esta forma, el espectador valora el gesto puro: la mirada, el movimiento de cejas, la línea de los labios, el silencio mismo. Si hay acción, digamos que toda esta ocurre en los rostros. Allí uno observa el impacto de las cosas que se van revelando, de la reconstrucción que cada uno hizo de sí. Y todo montado sobre un diálogo fino y de espontaneidad casi perfecta, que va soltando por allí alguna pista delicada que luego tomará fuerza.

Tiene mucho mérito una película que se sostiene exclusivamente en los diálogos. Tal vez no sea fácil de apreciar en primera instancia, pero lo de Joel Calero es una proeza dentro de un escenario local con enorme seducción por el blockbuster (efecto Tondero) y representa, qué duda cabe, un gran aporte al cine nacional. 

lunes, 24 de abril de 2017

Sobre la naturaleza mercantilista de la novela


Medio siglo ya desde la aparición de tres de las novelas más importantes del boom latinoamericano. Se puede afirmar que este fenómeno editorial solo fue posible, como lo afirma este artículo, por la confluencia de dos talentos: el literario y el mercantil. Aquí, un extracto:

Quienes hallaban en el boom sólo comercio poco sabían del origen bastardo, hoy bien estudiado, de la novela, mercantilismo que no la abandonará nunca y está en su esencia: los Dickens, los Balzac y los Dumas montaron, con buenas y malas mañas, con negros y sin ellos, verdaderas empresas de edición que le dieron a la burguesía (y sobre todo a las mujeres lectoras) ese género que le faltaba al mundo: la novela. No en balde el portero de sir Walter ­Scott rechazaba visitas inoportunas a la sazón de “estamos muy ocupados con Ivanhoe”. Con ese mismo orgullo plural y vicario, seguramente respondía Carmen Balcells a quienes la acusaban de “inventar” lo que sólo puede lograr la combinación del genio literario y el tino comercial. Si el primero se ausenta, de nada sirven los millones de ejemplares vendidos.

Fuente: El país.

lunes, 17 de abril de 2017

Regresa el Premio Nacional de Literatura

Salvador del Solar, ministro de Cultura.

Esta es una muy grata noticia para el país. Perú vuelve a contar con un premio de Literatura de alcance nacional (antes de su desaparición, el último lo recibió Julio Ramón Ribeyro en 1983). Un extracto de la nota, aquí:

El Ministerio de Cultura oficializó la creación del Premio Nacional de Literatura. En una resolución firmada por su titular, Salvador del Solar Labarthe, se detalló que serán seis las categorías bajo las que se podrá competir.
Poesía, cuento, novela, literatura infantil y juvenil, literatura en lenguas originarias y no ficción son las áreas que tendrá certamen.
Según se informó en la resolución publicada este lunes en "El Peruano", el concurso busca reconocer las obras literarias publicadas en los dos años previos a la convocatoria.

Fuente: El Comercio

domingo, 26 de febrero de 2017

Óscar 2017: todo tan predecible



Cuánta pereza. Dentro de unas horas se celebrará la 89ª edición de los premios Óscar y ya se sabe que La La Land lo ganará todo. He hecho este juego en tres ocasiones consecutivas (revisar aquí, aquí y también aquí) y ahora no puedo especular tanto porque todo es tan predecible. Para volver a hacerlo divertido, voy a imaginar entonces que mi candidata (La La Land) no aparece en ninguna de las categorías a las que está nominada. Forzosamente tendré que escoger otra opción, y lo más seguro es que no sea de mi agrado.


Mejor actor

-Casey Affleck (Manchester by the Sea)
-Andrew Garfield (Hacksaw Ridge)
-Ryan Gosling (La La Land)
-Viggo Mortensen (Captain Fantastic)
-Denzel Washington (Fences)

Fences es un pésimo intento por llevar al cine una pieza teatral de August Wilson, pero allí está el veterano e impecable Denzel Washington para imponerse en medio de una película ruidosa y monótona. Una grata sorpresa sería que el buen Viggo Mortensen se lleve la estatuilla; en Captain Fantastic carga con toda la acción dramática y sale muy bien librado. Sin embargo, todo indica que, si no lo gana Ryan Gosling, será el Affleck verde quien resulte elegido. Recemos porque no sea así.

Mejor actor de reparto

-Mahershala Ali (Moonlight)
-Jeff Bridges (Hell or High Water)
-Lucas Hedges (Manchester by the Sea)
-Dev Patel (Lion)
-Michael Shannon (Nocturnal Animals)

Aquí casi todas las actuaciones están a un mismo nivel, pero quizá podría destacar un poco Mahershala Ali.

Mejor actriz

-Isabelle Huppert (Elle)
-Ruth Negga (Loving)
-Natalie Portman (Jackie)
-Emma Stone (La La Land)
-Meryl Streep (Florence Foster Jenkins)

Tengo la siguiente teoría: Ryan Gosling y Emma Stone hacen una combinación perfecta. En base a esto, o ambos reciben el Óscar a mejor actor y mejor atriz, respectivamente, o no lo recibe ninguno. Pese a que haya detestado Jackie, lo de Natalie Portman resulta admirable y creo que la Academia podría premiarla. No obstante, en la película más sosa e insípida de estas cinco, es Ruth Negga quien sobresale por logar un retrato auténtico de Mildred Loving.   

Mejor actriz de reparto

-Viola Davis (Fences)
-Naomie Harris (Moonlight)
-Nicole Kidman (Lion)
-Octavia Spencer (Hidden Figures)
-Michelle Williams (Manchester by the Sea)

No hay mucho que opinar en esta categoría. Michelle Williams aparece tres minutos y tiene una nominación. Si no lo gana Octavia Spencer, el Óscar va para Viola Davis.

Mejor guion original
  
-Hell or High Water (Taylor Sheridan)
-La La Land (Damien Chazelle)
-The Lobster (Yorgos Lanthimos y Efthimis Filippou)
-Manchester by the Sea (Kenneth Lonergan)
-20th Century Women (Mike Mills)

Dejando de lado mi fanatismo (y aunque tal vez me equivoque), esta categoría no la va a ganar La La Land. También es imposible que la gane The Lobster. Se tratan de películas muy opuestas. Y si tomamos a estas dos como límites, el guion que ha logrado permanecer en equilibrio es el de 20th Century Women, una película que debió tener más nominaciones. 

Mejor película extranjera

-Under sandet
-Forushande
-Toni Erdmann
-En man som heter Ove
-Tanna

Esta es la primera vez que logro ver las cinco nominadas a esta categoría (lo usual es que una de ellas sea imposible de conseguir). Sin ir más lejos, la mejor es Under sandet. La distancia que las separa del resto es increíble. Y más increíble aún fue haber descubierto la sobrevaloración de la crítica hacia Toni Erdmann (habrá una versión estadounidense de esta película y tendrá como protagonista a Jack Nicholson).

Mejor fotografía

-Arrival (Bradford Young)
-La La Land (Linus Sandgren)
-Lion (Greig Fraser)
-Moonlight (James Laxton)
-Silence (Rodrigo Prieto)

Quienes tienen más opciones de quitárselo a Linus Sandgren son Greig Fraser y James Laxton. Me inclino por el trabajo de este último. Aquella escena sexual y tierna bajo la luz púrpura es quizá lo más bello de Moonlight.

Mejor montaje

-Hacksaw Ridge (John Gilbert)
-Hell or High Water (Jake Roberts)
-La La Land (Tom Cross)
-Arrival (Joe Walker)
-Moonlight (Nat Sanders y Joi McMillon)

Seguir el movimiento una bala en sucesivos planos ya es toda una proeza, y cuando las balas son miles, la proeza es aún mayor. Tal vez solo esto sirva para entender que Tom Cross no se lleve el Óscar esta noche y se lo arrebate John Gilbert. Pese a ser una mala película, el montaje de Hacksaw Ridge es toda una muestra de genialidad y nervio. 

Mejor director

-Denis Villeneuve (Arrival)
-Mel Gibson (Hacksaw Ridge)
-Damien Chazelle (La La Land)
-Kenneth Lonergan (Manchester by the sea)
-Barry Jenkins (Moonlight)


Después del #OscarSoWhite del año pasado, todo indica que la Academia premiará esta vez a un director afroamericano. 

Mejor película

-Arrival
-Fences
-Hacksaw Ridge
-Hell or High Water
-Hidden Figures
-La La Land
-Lion
-Manchester by the sea
-Moonlight

No he podido evitarlo. Hay que descartar a la chauvinista Hacksaw Ridge y a la políticamente correcta Hidden Figures. También tienen que quedar fuera Manchester by the sea y Lion por ser unos dramones insoportables. Arrival y Hell or High Water no tienen pierde, pero dudo que les alcance. Solo un Óscar para La La Land en esta categoría podría solucionar un poco el daño universal causado por DiCaprio.