domingo, 9 de noviembre de 2014

Los premios

Guadalupe Nettel. (Imagen tomada de la revista Quimera.)

Cuando algo sospechoso ocurre en algún premio literario local, uno nunca dice nada. Y cuando un mismo suceso «extraño» ocurre en un premio literario internacional, tampoco.

Nadie dice nada nunca.

Digamos que una gran mayoría cree que los premios literarios fuertes, en general, están amañados. El resto (donde me incluyo) cree que estos mismos premios literarios están amañados, pero, a veces, tienen un poco de dignidad y se resuelven con justicia. Es como una ruleta rusa.

Los premios. 

Podría hacer un post gigantesco sobre los premios, abordar sus irregularidades, sus desaciertos, etc., y no serviría de nada. Sin embargo, me ceñiré a dos premios recientes gracias a la información de un blog muy atento que al parecer aquí nadie visita.

Demás está decir que Patrulla de salvación es un blog genial. A veces se les pasa la mano con Alberto Olmos, pero es un blog tremendo. Actualizan con bastante frecuencia y uno se entera de cosas muy atractivas. Como, por ejemplo, que la novela ganadora del último Premio Planeta, anunciada el 15 de octubre, está en librerías (de España, se entiende) desde el 4 de noviembre. Es decir, 20 días de arduo trabajo desde la elección del manuscrito ganador hasta su posterior salida de la imprenta. 

Wow!

Y eso que en la editorial independiente donde colaboro nos demoramos más días en poemarios de no menos de cincuenta páginas.

No obstante, eso no es tan atractivo comparado con lo que acaba de suceder con el Herralde. Según PDS, uno de los mejores premios en lengua española (uno de los mejores por su transparencia, se entiende) batió el récord del Planeta. 

Pongámoslo así:

26 de octubre: Anagrama anuncia una longlist de las casi mil quinientas novelas competidoras. Había de todo. Había hasta un peruano. Y cuando hay un peruano es que ya hay gato encerrado. Esto lo podría explicar en otro post. Por ahora dejémoslo así.

¿En qué me quedé? Ah, cierto:

3 de noviembre: Lunes. Día tenso para los autores de la longlist. Luego, un redoble de tambores y ¡tarán!: Guadalupe Nettel (casi escribo Nextel) se lleva el Herralde con la novela Después del invierno.

5 de noviembre: En la página web de Anagrama se pueden encontrar las portadas y sinopsis de la novela ganadora y también de la finalista. 

No sé desde cuándo, pero hoy, 9 de noviembre, el libro ya está en e-book.

Voilà !

Si no son tan malos en física cuántica y saben contar con los dedos, entonces podrán hacer la suma ustedes solos.

Al respecto, se pueden tejer muchas teorías. Yo me encargaré de elaborar una (la más fácil de todas, se entiende):

No llegaron manuscritos de autores de renombre al concurso y se eligió a la Nettel. La más conocida entre tanto NN concursante. Listo.

Es más. Se dio por sentado que no llegaría ningún otro manuscrito de un autor de renombre y los chicos de Anagrama se tomaron la molestia de corregir, diagramar, diseñar la portada, seleccionar los blurps, etecé, etecé. Pues si de ahorrar tiempo se trata, ¿por qué no apurar las cosas?

Algo similar sucede aquí en Lima, Perú, planeta Tierra. Aunque, siendo sinceros, no es similar. Es peor. No se trata de un concurso amañado, sino indigno.

Me refiero al Premio Altazor. Como en cualquier otro concurso literario, se presentan las novelas bajo seudónimo, se delibera, se elige un ganador (que se supone que es infinitamente superior al resto) y se hace la entrega de un dinero. 

Lo gracioso de este premio es que, según las bases, la editorial Altazor «se reserva el derecho de corregir el contenido de la novela ganadora y finalista de acuerdo con la línea editorial del sello para la puntual publicación de estas sin contar necesariamente con la participación de los autores».

Ja.

Y continúa: «Asimismo, de ser necesario, podría [la editorial, se entiende] cambiar el título de la novela.»

Ja.

Pero eso no es lo más cómico. Para participar hay que enviar «una fotografía tamaño jumbo horizontal, con fondo y leyendo un libro». ¿Para qué se manda esta foto? Pues para meterle Photoshop y cambiarle la portada del libro que lee el ganador. En resumen, se verá en la solapa que el autor lee su mismo libro premiado.

Ja.

¿A qué viene Altazor en todo esto? Bueno, es simple y se asemeja a lo sucedido con el Planeta y el Herralde: el mismo día que se anuncian al ganador y finalista, se presentan también impresas las novelas de los dos pobres infelices. Con título cambiado (si es que la editorial lo quiso así), con el contenido alterado (porque al editor le dio la puta gana) y con una portada que no reflejaría tanto el espíritu de la novela (si es que el ilustrador no amaneció inspirado).

Ay, los premios.

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