domingo, 31 de mayo de 2015

Negociar la ilusión

El trabajo, la boda de un familiar, la enfermedad de un amigo, otros trabajos eventuales, la construcción de una parte del edificio donde vivo, la tristeza de los domingos por la tarde, un dolor de columna, la procrastinación pura, las pastillas para dormir que ya no sirven para dormir, los largos trayectos en bus los días lunes, cocinar para tía D, las rencillas con B, la última temporada de Mad Men. Todas las excusas que me pongo para no hacer un post decente (hace mucho que no escribo algo decente). Hoy la flojera llegó al límite. 

El video está interesante.

 

lunes, 25 de mayo de 2015

El desierto y su semilla


—Señor Mario, hay un pequeño inconveniente. Por un descuido, del cual me hago completamente responsable, la piel del brazo que se empleó para reconstruir el párpado derecho se aplicó incorrectamente.
—No me parece así mal.
—Se empleó piel del brazo, y la epidermis quedó del lado interior, en contacto con el ojo.
—¿Eso es malo?
—No, no tendría nada de malo, si no fuese porque no advertimos unos folículos activos. Ahora los vellos están creciendo del lado interno del párpado y, por supuesto, irritan el globo del ojo. Molestan terriblemente a su madre.
—Entonces, ¿quieren reconstruir todo el párpado otra vez?
—Lo hemos consultado con su madre y estamos de acuerdo en que por ahora dejaremos las cosas así. Más adelante veremos. Se podría usar electricidad, pero es un tratamiento muy largo. Eso se haría cuando ustedes regresen a su país. Si la depilación eléctrica no diese resultado, entonces sí, se reconstruiría, pero por ahora todo lo que hace falta es, cada diez o quince días, dar vuelta el párpado con la mano, y con una pinza arrancar los pelitos que empiezan a nacer.

BIZA BARON, JORGE. El desierto y su semilla. Madrid: 451 editores, 2007.

domingo, 17 de mayo de 2015

Breve Historia de la Literatura Peruana Reciente

«Sick Blue» (Yves Klein)

Mónica Cabrejos confiesa en televisión nacional que ha perdido un hijo de un escritor famoso y muy premiado a nivel internacional.

Ese escritor es Iván Thays.

En un primer momento se barajó el nombre de Santiago Roncalloro.

Mónica Cabrejos lo tilda de «malnacido» (a Thays).

Thays elimina su cuenta personal de Facebook minutos después de haberse divulgado su nombre.

En un conocido programa farandulero, el conductor lee extractos de Un lugar llamado Oreja de Perro.

La Juventus elimina al Real Madrid de la Liga de Campeones.

En Internet surgen opiniones a favor y en contra de Cabrejos.

Surgen también opiniones a favor y en contra de Thays.

Alguna vez leí que Thays toma zatrix y antidepresivos. 

Me cae bien la gente que toma esas pastillas.

En Camaná, un librero exhibe una pila enorme de Un lugar llamado Oreja de Perro.

Mi doctora decide aumentarme la dosis de antidepresivos.

El libro está al irrisorio precio de 15 soles.

Los escritores opinólogos de las redes sociales callan en todos los idiomas a los que no los han traducido.

Thays publica un comunicado aclarando los sucesos.  

Cristina Morales gana la beca Han Nefkens.

Patricia del Río escribe un artículo que lleva el mismo título de una novela de Hernán Migoya.

¿Sueñan las feministas con mujeres eléctricas?

Tras muchos días, acabo el primer cuentario de Samanta Schweblin.

Thays no ha vuelto a actualizar su blog Moleskine Literario.

Hasta el momento he leído todo lo de Schweblin, menos su más reciente cuentario que ha salido este mes.

¿Mónica Cabrejos pudo haber ganado el Copé de cuento donde Thays fue jurado?

Me frustra no poder avanzar un cuento que sigo intentando terminar desde octubre del año pasado.

Cabrejos anuncia que tiene pruebas para desmentir el comunicado de Thays.

Cabrejos quiere que Thays se largue del país.

Y eso que he reescrito el cuento luego de haber tomado mucho vino. 

Cabrejos dice que detrás de los ataques hacia ella se encuentra Iván Thays.

El ciego le rompe los dientes al Lazarillo por tomarse su vino.

Lo extraliterario llega a ser lo verdaderamente literario.

Me da pánico la vida aburguesada.

My heart's aflutter!

Thays dictaba un taller de narrativa y allí ambos se conocieron.

Son malos tiempos para el amor o la literatura.

domingo, 10 de mayo de 2015

Alejandro Zambra sobre el Facebook

Imagen hurtada de aquí.

Paulo César Peña le hace una sesuda y muy recomendable entrevista a Alejandro Zambra, quien el mes pasado estuvo en Lima. Aquí un extracto:

¿Y quiénes son los que se pondrían a ficcionalizar ahora? Considerando que los escritores se valen cada vez más de la memoria… 
—Creo que eso está ocurriendo hace tiempo. Lo que pasa es que ya no es solo una cuestión literaria. Por ejemplo ¿qué es lo que pasa en Facebook? Allí también te inventas una vida. Ahora se habla de una sociedad de supervigilancia, donde todos se están vigilando los unos a los otros. Y a la vez, aunque cada red social es distinta, en Facebook como que cada uno es, más que un escritor, un personaje. Luego, la pregunta es: ¿quién te escribe? Facebook. Él es el escritor de esta novela de la cual tú eres un personaje. En la que aparentemente cada uno está tomando decisiones. Asimismo, te obliga a mostrarte de determinada manera.
Yo me salí del Facebook hace como un año y medio, no lo echo de menos, pero no fue fácil. Era muy adictivo para mí. Nunca posteaba nada, pero podía estar horas mirando a otros, sus fotos, lo que la gente considerase mostrable de sí misma. Es muy interesante porque hay un límite ahí que va cambiando de persona en persona. Cada cual es una novela… Ahora hay que hablar de todo y hay que tener opiniones de todo. Yo creo que tengo como tres opiniones al año (risas). A veces tengo muchas opiniones, pero rara vez una de ellas suena —para mí mismo— trascendente. Tengo las indignaciones y las alegrías comunes y corrientes… Ahora estoy muy off line. Y la gran diferencia es que la escritura tiene una relación con  la soledad. La gente no sabe estar sola, no quiere estar sola, en ningún momento del día. Leer es una cosa muy rara. Bueno, vivir también. La literatura te permite “salir” a la soledad.

Fuente: Perro Negro.

domingo, 3 de mayo de 2015

Carlos Calderón Fajardo


En 2010 Carlos Calderón Fajardo me dijo que era jubilado y que dedicaba todo su tiempo libre a escribir. No todo, en realidad. Uno lo veía en Miraflores asistiendo a proyecciones de películas o solplándose una que otra presentación en la feria del libro. O presentando sus propios libros.

Y la jubilación dura poco, solo te alcanza para escribir con prisas un puñado de novelas, algunos cuentos y ya. A Carlos le duró hasta el miércoles pasado.

Hace muchos años que Carlos era ya considerado un «escritor de culto», lo cual es una bonita manera de decirle a un escritor que no tiene muchos lectores y que de todos estos, lamentablemente, el 70% son otros escritores y el 25% estudiantes de Literatura (vete tú a saber a qué rubro pertenece el 5% restante). Escritor de culto y todo, Carlos fue prolífico e ignorado. Publicó siempre en editoriales pequeñas o muy pequeñas, no ganó el concurso que lo hubiera colocado en otra esfera (el Tusquets) y no se metía en polémicas, que es otra manera de entrar a codazos en el establishment. Consiguió poco, en suma: la traducción al francés de su mejor novela y listo. Así se va una vida.

Era también, cómo no decirlo, un escritor sin poder. Un escritor sin poder es alguien a quien solo le interesa escribir y ya, no utiliza su carné de escritor para dedicarse a las relaciones públicas. No tiene contactos. No llena su agenda con esos valiosos correos o números telefónicos que te llevan a las ferias internacionales o te ayudan a publicar tus libros en otro país. Se es escritor y con eso basta. La vida no alcanza para hacer más cosas. Construir una agenda con los contactos importantes toma su tiempo, toma toda una vida. Carlos no le lustraba los zapatos a nadie y tal vez por eso era ignorado.

Pero tampoco se los lustraban a él: ¿de qué servía hacerlo? No era el estratégico peldaño que unos utilizan para escalar en esa suerte de ascenso hacia el parnaso literario. Tan solo era un escritor lleno de persistencia. Un escritor que se muere de pronto, en plena actividad. Un autor que, por muerto, se gana la frase cliché más detestable. Algo así como: «Era un buen escritor y hemos leído todos sus libros».